PARA OCTAVOS A, B, C IMPRIMIR LA SIGUIENTE LECTURA
Viaje de ida
El tío llegó y me dijo:
--Vine a buscarte para que me acompañes. Y,
de paso, conoces el mar.
El camino entre la Sierra fue largo y
monótono, el tío narraba cuentos de
otros tiempos. Llegamos en la noche y el
cansancio nos hizo dormir.
La mañana siguiente estaba linda, bien
soleada, las olas se estrellaban
y las gaviotas graznaban.
El tío amaba el mar. Le gustaba por su olor,
por lo fino de sus arenas
y para ver nacer y morir las olas.
--¡Mira! --me dijo--. Las franjas de allá
son corrientes marinas.
Por la playa venía una niña.
Ella era bonita, de ojos grandes e intensos.
Tenía los cabellos rojizos y pecas en el rostro.
--¿Puedo ser tu amiga? --preguntó la niña.
--Ya lo somos, ¿o no? --le respondí--.
Mi tío dice que las corrientes marinas
pueden hacer que una botella lanzada desde aquí, llegue
hasta las islas de donde vinieron nuestros
abuelos --comenté.
--Buscamos varias botellas. Escribimos
nuestros mensajes, los guardamos en ellas, las tapamos
muy bien y las lanzamos hasta la corriente
--me propuso la muchachita.
--¡Botella al mar! gritábamos, mientras las arrojábamos.
Las botellas flotaban alejándose, llevadas
por la corriente marina.
Nuestras miradas iban tras ellas, cargadas
del recuerdo de los mensajes escritos. Las veíamos
surgir y esconderse con el vaivén de las
olas.
--¿La vida se moverá como ellas? --preguntó
la muchachita.
--Es posible --respondí.
Pasados varios meses, tío me trajo un
caracol grande y sonoro.
--Es de allá --me dijo-- de aquella playa. Y
me lo dio como un recuerdo.
Me lo puse al oído. Quería escuchar si, al
menos, detrás del sonido del mar estaba guardada un
poquito de la voz de aquella niña.
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